Lo emocional del sabor

A raíz de un inesperado suceso en mi vida -una muerte- emocionalmente fui cuestabajo y sin frenos hacia la nada.

Andaba por el supermercado como un alma en pena buscando film transparente y papel de aluminio -materiales poco ecológicos- cuando justo antes de la caja vi dos paquetes de cereales DINOSAURIOS, uno multicereales y el otro sabor a chocolate, basados en las galletas de DINOSAURIOS que comía cuando era un niño.

Antes de decidir comprarlos, la moral vegana que todavía pende de mi después de tantos años, miró los ingredientes que contenían. Eran veganos. Mi juez interior permitió comer ésta mezcla de cereales, azúcar y nosecuantas Es, asíque compre una caja de cada uno.

El amigo y amor de hombre con el que vivo y convivo me preguntó que a ver cómo iba a comerlos. Le dije que con agua, claro.
Me dijo que había leche de avena; ¡que bueno! pensé. Quitando la de soja cualquier leche vegetal me parece buena.

Así que me calenté la leche de avena, eché los dinosaurios y me comí dos boles de cereales. Acabé empachado.
La sensación de gozo y felicidad fue increíble. Fui transportado a los momentos felices de mi infancia cuando comía galletas de dinosaurios después de jugar, el sol; la madre, el dulce.

El dulce, la leche materna. Protección.

Somos seres emocionales y sensitivos. Nos quedan guardadas las emociones a distintos sentidos, y ésta vez, el dulce, envuelto en el símbolo de galleta de dinosaurio (objeto relacionado con mi infancia y brutales recuerdos de felicidad), me transportó a esa protección infantil que tenemos cuando estamos con la madre después de un susto, pesadilla… en éste caso la muerte, esa gran desconocida de la que tan poco hablamos.

Gracias por todo.

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